MADRE: Reclamando por los Derechos Humanos de las Mujeres y sus Familias en todo el mundo

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Erradicando la Pobreza, Promoviendo el Desarrollo: Una crítica de MADRE a los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas

Por Yifat Susskind, Directora Asociada



Los Objetivos de Desarrollo del Milenio

  1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
  2. Lograr la enseñanza primaria universal.
  3. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
  4. Reducir la mortalidad infantil.
  5. Mejorar la salud materna.
  6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
  7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
  8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

En el año 2000, líderes mundiales representando a los 191 países pertenecientes a las Naciones Unidas se compremetieron a alcanzar estos ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015. Desde entonces, los objetivos se han convertido en el principal marco de referencia para la formulación de políticas de desarrollo a nivel mundial. Estos objetivos han sido adoptados por muchas de las agencias internacionales y bancos que controlan los presupuestos de la mayoría de los países pobres, otorgándole validez a los Objetivos de Desarrollo del Milenio en la política económica de las declaraciones de las Naciones Unidas. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio crean oportunidades para el avance de los derechos humanos de las mujeres, sólo si somos capaces de participar efectivamente en el proceso para alcanzar estos objetivos.

Los compromisos asumidos por los gobiernos con respecto a los Objetivos de Desarrollo del Milenio parecen representar un gran avance pero cuando analizamos los objetivos en profundidad nos encontramos con que este progreso está determinado por una serie de "metas" e "indicadores" tecnocráticos de cobertura limitada, contradictorios en su enfoque y que tienen que ver más con cambios estadásticos que con crear cambios estructurales esenciales para mejorar la vida de las mujeres y sus familias en todo el mundo.

Por ejemplo, consideremos el objetivo 3 (promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer): su "meta" es la eliminación de la desigualdad de género en el área de educación. Sin embargo, para combatir la profunda violencia, discriminación, los estereotipos, las leyes y costumbres que generan graves violaciones a los derechos humanos de las mujeres en todos los países del mundo se necesita mucho más que proveer educación a las niñas. También son problemáticos los indicadores que intentan medir progresos para el alcance de este objetivo.

Estos incluyen:

  1. La relación entre niñas y niños en la educación primaria, secundaria y superior (pero sin prestar atención a la calidad o contenido de la educación y sin considerar los factores sociales que mantienen a las niñas fuera de las escuelas).
  2. La proporción de puestos ocupados por mujeres en el parlamento nacional (sin considerar la principal cuestión de si estas mujeres apoyarían políticas que respeten los derechos humanos).
  3. La proporción de mujeres entre los empleados asalariados en el sector no-agrícola (sin reconocer la necesidad de salarios dignos, decentes condiciones de trabajo y servicios públicos como guarderías, servicios de salud, agua potable y transporte que facilitan el trabajo de las de las mujeres, quienes no sólo trabajan fuera del hogar sino que también deben cumplir con sus responsabilidades tradicionales dentro de la familia).

Como podemos ver los Objetivos de Desarrollo del Milenio hacen un llamado al cambio social, pero no a la creación de las condiciones necesarias que hacen que el cambio sea posible. Para abordar las causas de los problemas que los objetivos intentan solucionar necesitamos atacar precisamente aquellas circunstancias que asumen los Objetivos. Esto incluye las políticas que han aumentado los niveles de pobreza y desigualdad en todo el mundo (como los tratados de libre comercio, la congelación de salarios, y la resistencia a la organización de los trabajadores) y han subordinado los derechos humanos a la "seguridad nacional" según lo definido por el gobierno de Bush. De hecho, en un momento en el que los derechos de las mujeres y hombres han sido deteriorados gravemente por dichas políticas podemos ver claramente las limitaciones de perseguir la"igualdad" entre los géneros. ¿A quiénes debemos ser iguales las mujeres? ¿Deberían las mujeres en Colombia demandar "igualdad" con sus compañeros varones que están siendo asesinados por organizar sindicatos? ¿Deberían las mujeres con VIH de Ruanda buscar la "igualdad" con los hombres ruandeses a los que se les niega costosas medicinas para el SIDA? El verdadero objetivo no es igualdad, es justicia; y una de las mejores maneras que tenemos para asegurarnos que existe justicia es el cumplimiento de los derechos humanos.

Pero los Objetivos de Desarrollo del Milenio ni siquiera mencionan los derechos sexuales y reproductivos, los derechos laborales y el derecho a la propiedad de las mujeres o uno de los obstáculos fundamentales para asegurar estos derechos, es decir, la violencia contra las mujeres. La ausencia evidente de estos temas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio demuestra el rol influyente que tienen los gobiernos de derecha y fundamentalistas como los Estados Unidos durante las negociaciones. En particular, los derechos reproductivos han sido amenazados por los Estados Unidos desde que Bush ocupó su cargo en el año 2000 y comenzó a recortar los fondos destinados a programas internacionales de planificación familiar y a revisar la política de salud reproductiva influenciada por su fundamentalismo religioso. Activistas en favor de los derechos humanos de las mujeres han señalado que los derechos sexuales y reproductivos son esenciales para alcanzar por lo menos cuatro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio: promover la igualdad entre los g�neros y la autonomía de la mujer (Objetivo 3), reducir la mortalidad infantil (Objetivo 4), mejorar la salud materna (Objetivo 5), combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades (Objetivo 6). Además, el carácter indivisible de los derechos humanos significa que la igualdad de la mujer y su empoderamiento son cruciales para lograr todos los objetivos, y por lo tanto, ninguno de los objetivos puede alcanzarse sin asegurar la igualdad entre los g�neros.

Una forma de comprender la lógica de cualquier política es analizar a sus autores. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio son patrocinados conjuntamente por las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Mientras que la organización de las Naciones Unidas trabaja dentro del marco de los derechos humanos, los mandatos del Banco Mundial y el FMI están dirigidos a promover una serie de políticas económicas que frecuentemente contradicen los derechos humanos. En realidad, los Objetivos del Milenio incluyen prioridades neoliberales dentro de la política de desarrollo utilizando el lenguaje de los derechos humanos. Los Objetivos intentan "erradicar la pobreza extrema y el hambre" (Objetivo 1) pero confían en la idea errónea de que es posible eliminar la pobreza a través del crecimiento de la economía a nivel nacional (PNB) y asumen que las privatizaciones de servicios representan una estrategia y no un obstáculo para el desarrollo económico. Al analizar en profundidad los Objetivos de Desarrollo del Milenio nos encontramos con una contradicción fundamental: los pa�ses pobres esperan alcanzar estos objetivos implementando políticas económicas neoliberales que han sido en gran medida las causantes de las crisis que estos objetivos pretenden resolver. Estas políticas incluyen el recorte de los gastos del gobierno, la privatización de los servicios básicos, la liberalización del comercio y la producción principalmente para el sector exportador.

Como podemos observar, la metodología y supuestos de la economía neoliberal caracterizan a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, los cuales se basan en el indicador de "extrema pobreza" (que indica la proporción de la población sobreviviendo con menos de cierta cantidad de ingreso por día). Los Objetivos de Desarrollo del Milenio utilizan los estándares del Banco Mundial de un ingreso diario de $1 dólar para indicar la pobreza extrema. Esta medida de pobreza basada en el ingreso oculta la experiencia de millones de personas para quienes la pobreza no depende principalmente del ingreso, sino de su aislamiento de modelos sostenibles de consumo y producción. Por ejemplo, las Mujeres Indígenas afirman que su pobreza y riqueza estí determinada principalmente por el acceso y el control de sus recursos naturales y el conocimiento tradicional, que son la fuente de las culturas indígenas y su forma de vida. En las comunidades indígenas, los derechos humanos (es decir, el reconocimiento de los de los derechos indígenas colectivos sobre la tierra, los recursos naturales y el conocimiento tradicional por parte de los gobiernos) representan el elemento central para eliminar la pobreza.

Pero los Objetivos de Desarrollo del Milenio no reconocen que la pobreza depende de las violaciones a los derechos humanos (como el derecho a un adecuado estándar de vida, el derecho a la libertad de discriminación y el derecho al desarrollo). En realidad, los Objetivos de Desarrollo del Milenio no reconocen la vivienda, servicios de salud y el acceso a la comida y al agua como derechos no negociables y universales, sino como necesidades a ser satisfechas. Por lo tanto, los pobres no son vistos como actores autónomos que demandan que los gobiernos cumplan con sus obligaciones legales, sino más bien como un "grupo" pasivo para la formulación de políticas. El desarrollo sostenible, el cual depende de una extensa participación civil, de la justicia social, y de un cambio fundamental en el balance de poder, se deja de lado porque los Objetivos de Desarrollo del Milenio no contemplan el marco de los derechos humanos.

De hecho, los estándares de derechos humanos representan un criterio útil para evaluar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Estos revelan que los objetivos no surgen como expresiones espontáneas de la voluntad de los gobiernos sino más bien como obligaciones internacionales preexistentes relacionadas con los derechos humanos, algunas de los cuales se remontan a más de 50 años atrás. Finalmente, para que los Objetivos de Desarrollo del Milenio sean una herramienta para mejorar los derechos humanos de las mujeres deben ser tratados no como un proceso técnico, sino como un proceso político. MADRE trabaja con organizaciones hermanas y otras organizaciones de mujeres a nivel internacional para impulsar que los Objetivos de Desarrollo del Milenio están basados en un enfoque de derechos que vaya más allí del mejoramiento de indicadores estadísticos y que aborde las causas de las violaciones a los derechos humanos.

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