MADRE: Reclamando por los Derechos Humanos de las Mujeres y sus Familias en todo el mundo

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Mujeres Indígenas:
Luchando por sus Derechos, Creando el Cambio

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Primavera/Verano 2007

Mucho tiempo atrás quienes apoyan a MADRE pueden recordar que nuestra primera sociedad—formada en 1983—fue con Mujeres Indígenas de Nicaragua. Desde entonces, MADRE ha trabajado con Mujeres Indígenas, quienes se han organizado para promover los derechos de las mujeres dentro de sus comunidades y los derechos colectivos de los Pueblos Indígenas a nivel internacional. De hecho, debido a que todos los derechos humanos están interrelacionados, los derechos de las Mujeres Indígenas dependen del espacio ganado por los derechos colectivos. La Dra. Myrna Cunningham, una líder Indígena reconocida internacionalmente y colaboradora inicial de MADRE, dijo al respecto: "Para los Pueblos Indígenas y las mujeres Indígenas, el ejercicio de nuestros derechos—tanto como Pueblos Indígenas y como mujeres—depende del reconocimiento y la protección legal de nuestros territorios ancestrales colectivos, los cuales son la base de nuestras identidades, nuestras culturas, nuestras economías y nuestras tradiciones".

Los Pueblos Indígenas han luchado por siglos contra el genocidio, el desplazamiento, la colonización y la integración forzada. Sin embargo, las permanentes agresiones han ubicado a las comunidades Indígenas entre las más pobres y marginadas del mundo, aisladas de la política del Estado y como ciudadanos de segunda clase por los gobiernos nacionales. En América Latina, los Pueblos Indígenas tiene una esperanza de vida de 10 a 20 años menos que el resto de la población. En Centroamérica, los Pueblos Indígenas tienen menos acceso a los servicios de educación y salud y son más propensos a morir de enfermedades prevenibles; sufren de un índice más alto de mortalidad infantil y experimentan mayores niveles de pobreza que la población no indígena. A causa de la discriminación por género, el patrón es más marcado en las Mujeres Indígenas. Hoy en día, los derechos humanos—y la supervivencia misma—de los Pueblos Indígenas están cada vez más amenazados: los Estados y las corporaciones luchan por el control de las menguantes fuentes de recursos naturales de la Tierra—muchos de las cuales están ubicados en los territorios Indígenas. El mismo patrón general se mantiene internacionalmente.

Uno de los problemas clave para todas las organizaciones hermanas de MADRE es la violencia contra las mujeres. Para las Mujeres Indígenas, la violencia no sólo proviene de la discriminación por género y la subordinación dentro de sus familias y comunidades, sino también surge de las actitudes y políticas que violan los derechos colectivos Indígenas. Esta perspectiva ha posibilitado a las Mujeres Indígenas crear estrategias de anti-violencia que aborden las relaciones entre problemas diversos como derechos humanos de las mujeres, justicia económica, cambio climático y derechos colectivos. Estas relaciones se ven reflejadas en los programas de MADRE con las Mujeres Indígenas en todo el mundo.

La Red de Información Indígena

En Kenia, un grupo de 16 mujeres Indígenas Samburu ha desarrollado una estrategia para responder a las necesidades de las mujeres forzadas a dejar sus comunidades debido a la violencia de género: ellas llevan adelante una comunidad independiente de sobrevivientes. Las mujeres han sobrevivido a las violaciones de los soldados Británicos, asentados para realizar entrenamiento en las tierras ancestrales Samburu. Debido a las violaciones, los maridos de estas mujeres las condenan al ostracismo. Muchas de ellas fueron forzadas a abandonar sus hogares por haber "avergonzado" a sus familias. Lideradas por Rebecca Lolosoli, las mujeres se unieron y apelaron al Consejo del Distrito local, el cual controla el uso de la tierra. Se les concedió una tierra abandonada en la zona seca, donde ellas trabajaron duro para crear una comunidad única y próspera, cuyo nombre es Umoja, o "unidad" en Swahili.

Como parte de la Red de Información Indígena, las mujeres de Umoja han trabajado con MADRE para dar capacitaciones sobre derechos humanos en sus comunidades. Estas capacitaciones han fortalecido la movilización política de las mujeres en contra de la violencia de género. Con referencia a la Plataforma para la Acción de Beijing, presentada ante las mujeres locales en la capacitación de MADRE en el 2005, Rebecca Lolosoli comentaba, "Ahora que nosotras lo hemos visto por escrito—y visto que incluso en nuestro propio gobierno de Kenia ha formado esto—nosotras sabemos que no estamos pidiendo piedad o condescendencia, sino por nuestros derechos básicos, cuando demandamos el fin de las golpizas de nuestros maridos."

En 1999, cuando las mujeres de Umoja participaron en su primera capacitación sobre derechos humanos, ninguna de ellas había hablado nunca en público. Hoy son participantes activas en el gobierno local y son reconocidas como líderes en su distrito. Las mujeres de Umoja están actualmente organizadas para demandar una unidad anti-violencia en la policía local y capacitaciones para mujeres oficiales de policía que posibiliten abordar la violencia de género. Estas estrategias de anti-violencia son parte de los esfuerzos generales de las mujeres de Umoja para crear una vida mejor para ellas mismas y para su comunidad—en otras palabras, para defender el campo completo de sus derechos humanos. Para este fin, las mujeres han desarrollado un sistema de recursos participativos, un fondo comunitario de enfermedad e invalidez y una modesta pero exitosa industria cooperativa donde venden a los turistas tejidos tradicionales Samburu. En colaboración con MADRE y la Red de Información Indígena, las mujeres trabajan para defender los derechos del pueblo Samburu a la tierra, el agua y los servicios de salud y educación. A través de su movilización política, las mujeres han logrado tener confianza en sí mismas y esperanza, lo cual facilita su trabajo en contra de la violencia de género y fomenta la convicción de que terminar con la violencia contra las mujeres es realmente posible.

Al igual que las mujeres de todo el mundo, las mujeres de Umoja ven su independencia económica como la clave para evitar la dependencia o el abuso por parte de los hombres. Aunque continúan profundamente empobrecidas bajo los estándares de la mayoría de la gente, estas mujeres han tenido éxito en asegurar que sus hijas (tanto como sus hijos) asistan a la escuela. Ellas se han liberado a sí mismas de la presión económica sobre sus hijas a ser circuncidadas y a casarse a una temprana edad. De hecho, Sylvia, la hija de Rebecca Lolosoli, de 12 años de edad, declara abiertamente que ella se rehúsa a la circuncisión y tiene intensiones de ir a la universidad después del colegio secundario. Como dijo Rebecca Lolosoli: "Yo debo ser la primera persona en mostrarle a mi comunidad que no voy a circuncidar a mi hija o presionarla para casarse."

Wangki Tangni

Wangki Tangni ("Flor del Río" en Miskito) es una organización comunitaria desarrollada en la costa del Atlántico Norte de Nicaragua, que aborda la violencia contra la mujer en el contexto de promoción de los derechos Indígenas. Wangki Tangni ofrece a las mujeres líderes programas de desarrollo y promueve la participación política de las mujeres en la comunidad, a través de proyectos de desarrollo sustentable, capacitaciones sobre derechos humanos, proyectos de generación de ingresos y programas de salud que integran perspectivas de la medicina Indígena y "occidental". Wangki Tangni considera que muchas Mujeres Indígenas derivan su identidad y poder de sus roles tradicionales como parteras, consejeras, guías espirituales y líderes, quienes son principalmente responsables de transmitir los conocimientos tradicionales, valores culturales y métodos agrícolas en sus comunidades. Wangki Tangni trabaja para preservar y desarrollar estos roles de las mujeres, cuyo resultado es el fortalecimiento de su status social y auto confianza, con lo que logra fortificar la capacidad de las Mujeres Indígenas para demandar por sus derechos y confrontar la violencia de género.

Las estrategias anti-violencia de la organización surgen directamente de la cultura Indígena. La cosmología Miskito, como la de muchos otros Pueblos Indígenas, describe una dualidad igualitaria entre los campos masculino y femenino. En la tradición Miskito, las mujeres son veneradas y la violencia contra ellas es considerada un desvío o perversión. Para combatir la violencia de género esta cosmovisión ofrece un punto de partida muy distinto a otras cosmovisiones, en las cuales la religión o la costumbre son utilizadas para aprobar la violencia masculina. Como directora de Wangki Tangni, Rose Cunningham, comenta: "Para nosotras, nuestra cultura tradicional contiene los fundamentos para condenar la violencia en contra de la mujer." La colonización, el cristianismo y la asimilación cultural han erosionado las tradiciones igualitarias Indígenas. Aun así, estas tradiciones continúan formando parte de la identidad y de la cosmovisión de muchos Pueblos Indígenas, y proveen de fundamento a las estrategias Indígenas de anti-violencia. Por ejemplo, Wangki Tangni organiza charlas comunitarias interregionales, en las cuales las y los ancianos comparten historias tradicionales sobre el poder de las mujeres y refuerzan el entendimiento de la violencia contra la mujer como inherentemente disfuncional. "Las charlas nos ayudan a combatir la violencia contra las mujeres" dice Rose Cunningham, " y preservar nuestras historias tradicionales y el rol de nuestras y nuestros ancianos como transmisores de la cultura y sabiduría Miskito." Los programas de Wangki Tangni movilizan la cultura en oposición a la violencia de género, relacionando estrategias contra la violencia con estrategias para mantener su identidad Indígenas y sus derechos culturales.

Los problemas indígenas son problemas de todos

Hoy en día, muchas de las políticas que amenazan a los Pueblos Indígenas son las mismas políticas que ponen en peligro la salud del planeta mismo, amenazando nuestro futuro colectivo. Un ejemplo es el calentamiento global, causado en gran parte por el uso indiscriminado de combustibles fósiles. En contraste con esto, los valores culturales Indígenas priorizan la cohesión comunal por sobre el avance individual, y enfatizan la reciprocidad, el equilibrio y la integración con el mundo natural. Estos valores—tradicionalmente puestos en práctica, transmitidos e incluso creados por las Mujeres Indígenas—ofrecen una base para desarrollar políticas que puedan mantener una economía sustentable y prácticas ecológicas.

Nuestra mayor esperanza para proteger la diversidad biológica (y cultural) de la Tierra es adaptar e institucionalizar estos sistemas de conocimientos y tecnologías que han tenido éxito en preservar la diversidad por miles de años. Estos son sistemas de conocimiento Indígenas, los cuales expresan el principio de sustanciabilidad. De hecho, como auxiliares en conocimientos ambientales, técnicos, científicos, culturales y espirituales, las mujeres Indígenas tienen la clave para crear e implementar estrategias para el desarrollo sustentable en todos los niveles de diseño de políticas. Es claro que mucho más queda por hacer para que la perspectiva de las Mujeres Indígenas se vea reflejada en las políticas públicas. Aun así, esto es precisamente lo que demanda nuestra crisis global económica y ambiental actual y hacia donde se dirigen los programas de MADRE.

Por Yifat Susskind, Directora de Comunicaciones.

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