Los abusos de los derechos humanos cometidos contra las mujeres –frecuentemente por parte de familiares del sexo masculino– en nombre del "honor de la familia" son conocidos como "crímenes de honor". Estos abusos incluyen agresiones físicas, torturas, mutilaciones, violaciones, y matrimonios forzados, pudiendo llegar hasta el asesinato. Con estos crímenes se pretende "proteger el honor de la familia" previniendo y castigando las infracciones de las normas comunitarias de conducta cometidas por las mujeres, especialmente en cuanto a conducta sexual se refiere. En ocasiones, mujeres que han sido secuestradas, detenidas o violadas, son consideradas culpables por llevar la vergüenza a sus familias y eso las convierte en objetivo de los "asesinatos por honor". La finalidad fundamental de los "crímenes de honor" es la de mantener el poder de los hombres en la familias y en las comunidades a través de la negación de los derechos básicos –y reconocidos internacionalmente– de las mujeres de tomar decisiones autónomas sobre asuntos como el matrimonio, el divorcio, y la libertad para mantener o no relaciones sexuales con quien elijan.
En ocasiones se asume que los "crímenes de honor" no son sancionados por el Islam dado que la mayoría de las veces tienen lugar en Medio Oriente. Pero lo cierto es que pese a que los responsables de los "crímenes de honor" a menudo se amparan en la religión para la comisión de sus actos, estos crímenes no tienen sus raíces en ningún texto religioso. Los "crímenes de honor" tienen su origen en el Derecho consuetudinario anterior al Islam y al Cristianismo. Abarcan comunidades, religiones y países como Argentina, Bangladesh, Brasil, Ecuador, Egipto, Guatemala, India, Irán, Jordania, Líbano, Pakistán, Palestina, Perú, Siria, Turquía y Venezuela.
En algunos países, los "crímenes de honor" pasaron de ser leyes consuetudinarias a formar parte de sistemas legales formales y códigos penales promulgados por los colonizadores europeos. Los "crímenes de honor" son a menudo considerados "crímenes pasionales" en la jurisprudencia occidental, y esta sentencia se basa, no sólo en el crimen en sí, sino también en los sentimientos del autor del mismo. Por ejemplo, en 1999, un juez de Texas sentenció a un hombre a cuatro meses de prisión por haber asesinado a su esposa y herido a su amante frente a su hijo de 10 años . Como en el caso de un "asesinato por honor", el adulterio fue considerado como un factor atenuante en el caso. Pero mientras que sociedades individualistas como la estadounidense tienden a situar el honor en el individuo, las comunidades que condonan los "crímenes de honor" sitúan el honor en la familia, tribu o clan. Los "crímenes de honor" son por lo tanto perpetrados con apoyo público: a veces, incluso por parte de aquellos que quedarán desconsolados con la muerte de la mujer en cuestión.
El término "crimen de honor" tal como el de "crimen pasional" muestra la perspectiva del que lo comete, y por tanto conlleva una justificación implícita. Por lo tanto, no son pocos los defensores de los derechos de las mujeres que prefieren utilizar los términos "feminicidio", "asesinatos vergonzosos" o "los llamados crímenes de honor".
Los "crímenes de honor" constituyen una forma reconocida de violencia contra las mujeres en la legislación internacional de derechos humanos, que violan los derechos de la mujer a la vida y a su seguridad personal; a no ser torturadas ni recibir un trato inhumano o degradante, y a su igualdad ante la ley además de a una protección legal igualitaria. Los "crímenes de honor" violan además los derechos garantizados a las mujeres por parte de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) como la libre elección del cónyuge y el derecho a la igualdad en el matrimonio. La Recomendación General número 19 de la CEDAW define la violencia de género como una forma de discriminación contra la mujer y hace referencia explícita a los "crímenes de honor". CEDAW obliga a los Estados a proteger a las mujeres contra la violencia de género, incluyendo aquella cometida por miembros de su misma familia y a prevenir, investigar y castigar los actos de violencia contra las mujeres. La Convención requiere además a los Estados que descalifiquen el "honor" como una defensa legal por actos de violencia contra las mujeres. La Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer se hace eco de estas obligaciones y afirma que, "Los Estados deben condenar la violencia contra la mujer y no invocar ninguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir su obligación de procurar eliminarla". (Artículo 4).
Toda vez que la legislación internacional aboga para que los Estados protejan a las mujeres, los Estados mismos son, en ocasiones, cómplices en "crímenes de honor". Por ejemplo, la legislación iraquí no reconoce los crímenes de honor como asesinatos. En lugar de eso, ofrece sentencias ampliamente reducidas para las violaciones, mutilaciones y asesinatos de mujeres por "honor". Lo que es más, en muchas comunidades, los líderes comunitarios que condonan los "crímenes de honor", son, más que los propios gobiernos, las verdaderas autoridades. Por ejemplo, en Pakistán, el "crimen de honor" ha sido declarado ilegal gracias a los esfuerzos de activistas de las mujeres, pero las leyes son raramente cumplidas.
Los "crímenes de honor" son a menudo descritos como una faceta antigua e inmutable de la "cultura". Como toda conducta humana, los "crímenes de honor" tienen una dimensión cultural, pero como la cultura misma, los "crímenes de honor" están configurados por factores sociales como la pobreza y la migración, políticas gubernamentales y discursos institucionales que cambian -y pueden ser cambiados- de maneras que pueden tanto ayudar a combatir como a promover "crímenes de honor".
En Irak, por ejemplo, las acciones de los Estados Unidos han provocado una escalada de los "crímenes de honor". Los Estados Unidos destruyeron el Estado iraquí, lo que provocó que la gente terminara dependiendo más en las autoridades comunitarias conservadoras a la hora de resolver disputas e imponer "justicia", incluyendo los "asesinatos por honor". La ocupación ha otorgado más poder a los conservadores sociales extremistas, que explotaron tanto el vacío de poder creado por la invasión como el clima creciente de pobreza, violencia e inseguridad para imponer un programa social reaccionario, incluyendo el apoyo a los "crímenes de honor". A pesar de que los Estados Unidos están obligados, como fuerza de ocupación, a proteger los derechos humanos de los iraquíes, incluyendo la prevención y castigo de los "crímenes de honor", esto no se ha dado. De hecho, los Estados Unidos designaron líderes reaccionarios que condonan los "crímenes de honor" para formar parte del Consejo de Gobierno de Irak en 2003. Entre tanto, los Estados Unidos se han negado a proteger o apoyar las corrientes políticas progresistas iraquíes que buscan combatir los "crímenes de honor", (como por ejemplo la organización hermana de MADRE Organización para la Libertad de las Mujeres en Irak), ya que estas mujeres están en contra de la ocupación estadounidense.
Desde el bombardeo estadounidense de Afganistán en 2001, la Administración Bush ha resucitado la noción colonialista ya trillada de que la intervención occidental trata de "salvar" a las mujeres musulmanas de sus sociedades opresoras. Pocas mujeres musulmanas creen en esto (en realidad, se trata de una idea más bien dirigida a los estadounidenses). Las mujeres que viven en países musulmanes saben que su trabajo contra los "crímenes de honor" –y para lograr los derechos de las mujeres en general–, siempre han sido minados por el colonialismo europeo y, más recientemente, por la intervención estadounidense. Esto se debe a que los mandatarios extranjeros prefieren ver líderes locales conservadores y represivos para quienes los "crímenes de honor" son tan solo una faceta del statu quo que mantiene su poder. Estas personas han demostrado ser socios subalternos muy fiables en la ejecución del proyecto para controlar a los pueblos colonizados y ocupados.
El hecho de que los Estados Unidos hayan usado los derechos humanos de las mujeres como un punto de partida o excusa para sus guerras es utilizado a veces para alimentar la reivindicación de que los derechos de las mujeres son "ajenos" a Oriente Medio y suponen una herramienta de dominación occidental. Escuchamos esa reivindicación de parte de los conservadores en los países musulmanes que se oponen a los derechos de las mujeres. También la escuchamos de parte de personas estadounidenses a quienes les preocupa que la defensa de los derechos humanos de las mujeres en Medio Oriente suponga la imposición de "valores americanos" en esos países. Pero esa visión ignora más de un siglo de lucha política, organización, jurisprudencia y doctrinas de las mujeres árabes dirigidas a la garantía de los derechos dentro de sus sociedades.
La presunción de que los derechos de las mujeres son una preocupación "occidental" no sólo es históricamente falsa, sino que, además es exagerada. Después de todo, las bases intelectuales de la civilización -escritura, matemáticas y ciencia- son "orientales". ¿Son por lo tanto estos estudios "extranjeros" e inapropiados en el "occidente"? Los derechos humanos, el feminismo, la literatura y la ciencia son todos aspectos de nuestra herencia humana común. Deberíamos sospechar siempre que se diga que alguien "pertenece" –o no pertenece– a un determinado grupo, especialmente cuando esa designación se usa para mantener estructuras de poder abusivas y negar los derechos de las personas.
Al mismo tiempo, debemos reconocer que en los Estados Unidos, cualquier conversación sobre "crímenes de honor" suele mantenerse en climas de extrema hostilidad hacia los países musulmanes; a menudo no se trata más que de discursos racistas. Es por eso que las estrategias contra los "crímenes de honor" deben también combatir el racismo anti-árabe, y reconocer las maneras en las que el sexismo y el racismo siempre han estado incorporados en el concepto de "guerra contra el terrorismo" acuñado por los Estados Unidos. Lo que es más importante, la lucha contra los "crímenes de honor" requieren el prestar atención y apoyar el liderazgo de las mujeres en los países musulmanes –mujeres que están luchando por sus derechos dentro de sus países y por el derecho a que sus países se liberen de la intervención estadounidense–.